Para Héctor 2002

Pintar una obra de arte refleja la relación entre la conciencia y un quehacer intuitivo. El tema es solo un pretexto. El carácter fundamental de una obra de arte surge por una necesidad inexplicable. El pintor parece realizar un propósito, pero su obra brota casi fuera de la lógica y lo que muestra no se puede captar racionalmente. La realización de vez en cuanto de sus oleos sobre lienzo, o los collages de diversos materiales permiten a Hector Enrique Díaz Gil una exploración integral de una atmosfera personal, del juego con la composición y el ritmo. Cada material trae también una obligación en sí, cuya naturaleza lleva a una unidad armónica entre las impresiones y la posibilidad propia. La segunda dimensión es la realidad del pintor, y significa el fondo ideal, donde los materiales son los protagonistas. Las ideas que preceden en sus obras hacen apenas alusión a ciertas formas o planes pictóricos. No se puede prever ningún resultado, y toda la obra empieza como una aventura desconocida. La materia en el proceso de componer adquiere una expresividad especial en cada transformación a que es sometida y es una fuente inagotable de impulsos. Sus obras contienen composiciones verticales, horizontales y diagonales, son gesto, son signo y se transforma en un testimonio de actividad del hombre creador. Luisa Richter